domingo, 8 de septiembre de 2013

Gloria Jusayú habla de su rol en la película El Regreso
ARTE Y OCIO : : Gloria Jusayú habla de su rol en la película El Regreso

Por Hennel Huerta / Maracaibo / hhuerta@laverdad.com
 
 
Gloria Jusayú estuvo involucrada con la cinta El Regreso desde antes de la creación. Es una de las protagonistas. La nueva actriz zuliana habla con La Verdad de todo lo que vivió durante el rodaje de la película de Patricia Ortega. Dice que revivió lo malo que sufrieron sus hermanos



Gloria Jusayú interpretó a Nereida en la cinta zuliana El Regreso, de Patricia Ortega. (Foto: Cortesía Patricia Ortega)


Se siente orgullosa de decir que es una activista indígena wayuu. Gloria Jusayó egresó de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad de Zulia (LUZ) sin saber que en el futuro estaría involucrada en una producción grande de la cinematografía nacional. En estos momentos los espectadores la ven en la gran pantalla como una de las protagonistas del largometraje de Patricia Ortega, El Regreso. Desde su residencia en Maracaibo le cuenta a La Verdad cómo llegó a esa producción y cuánto significó para ella interpretar a Nereida.
"Yo tenía contacto con Patricia (Ortega) desde antes de graduarme. Fui la productora del audiovisual Kataa Ou-Outa (Vivir Morir), que la cineasta realizó en el año 2010. En ese entonces yo no sabía nada de cine, ni siquiera tenía conocimiento exacto de lo que significaba ser productora. Estaba metida completamente en mis trabajos con la comunidad y en las asignaciones de la universidad para las cátedras de radio y televisión. Pero ella confió en mí... Me dijo que yo era la persona que necesitaba. Me atreví y me involucré con ese documental". Allí relataron el ciclo de vida de la etnia Wayuu y todo lo que debe atravesar desde que abandona la Guajira hasta entrar en la ciudad.
Su camino en la cinta
Jusayú recuerda que en ese momento comenzó el camino de El Regreso. "Todavía estaba muy latente todo lo de la masacre en Bahía Portete y Patricia se interesó demasiado en el tema. Me dijo: 'Deberíamos hacer algo'. Entonces nos fuimos a Portete y en ese lugar nos pasó algo por el cuerpo. Cuando nos bajamos del carro sentí la presencia de los espíritus; esparcí el chirrinche y les dije: 'Hermanos no se asusten, ayúdennos a que este proyecto que tenemos en mente llegue muy lejos'. Allí empezó todo".
Gloria Jusayú ayudó a la cineasta zuliana a realizar el guion y cuando estuvo listo se reunieron. En principio era la productora, no tenía pensado actuar. "Me di cuenta de que era muy difícil realizar la película, fue duro. Tuvimos que construir las réplicas de las casas indígenas a orillas de la playa; luego vino el castin... Además yo ayudaba a Patricia en la asistencia de la dirección, traduciendo en wayuunaiki todo lo que ella quería decirles a los actores".
Para ella, lo más complicado surgió cuando hicieron un llamado para el papel de Nereida (la mamá de la niña protagonista) y no consiguieron a nadie. El coach decidió poner el rol en manos de Gloria. "Me dio mucho miedo, era la primera vez que actuaría en el cine. Además no sabía si podría lograrlo, pues esa historia me marcó demasiado. Yo tenía en la mente los reportajes de los periódicos, los comentarios de mis hermanos afectados, las fotos... Estaba tan mal que me daba rabia ver a Laureano Olivares (risas)". La zuliana se refiere a quien interpretó al malvado Juan, responsable de las muertes en el filme.
Cuando le preguntan qué sentía durante las grabaciones, no sabe cómo explicarlo. "Tenía muchas cosas en mi imaginación, a veces decían '¡Acción!', y yo me quedaba lela, sin responder". Dice que Nereida le enseñó que las mujeres son las que llevan a término cualquier plan, gracias a la determinación que poseen. "Esta historia nos lleva a la reflexión. Los pueblos indígenas seguimos padeciendo problemas con el territorio, con la parte religiosa, con amenazas. Creo que El Regreso va a trascender y será un llamado de paz. La gente tiene que verla en el cine".
La cita
"El suceso de la masacre en Bahía Portete me afectó demasiado. Realizar esta película fue difícil para mí, pero estoy agradecida".
Otro proyecto
Gloria Jusayú es la productora de un nuevo proyecto llamado Algo Pasó en el Alma, dirigido desde Alemania por Rosana Matecki, se trata de un documental que se estrenará en noviembre.

© 2012, Diario La Verdad. Maracaibo. Venezuela C.A. RIF J-30540623-5. Términos Legales. Contáctenos via: web@laverdad.com o noticias@laverdad.com


viernes, 6 de septiembre de 2013

“El Regreso muestra la realidad indígena de los pueblos fronterizos”: Gloria Jusayú invita a ver exitosa película zuliana

septiembre 6, 2013 - 8:55 am
Al Dia | Zulia


WP 000332 “El Regreso muestra la realidad indígena de los pueblos fronterizos”: Gloria Jusayú invita a ver exitosa película zuliana
 
La crueldad con la que un grupo de paramilitares acabó con la paz de la comunidad wayuu que habitaba en Bahía Portete, Alta Guajira colombiana, en el año 2004, al ejecutar una dantesca masacre, se retrató fielmente en la película zuliana El Regreso, la cual muestra una realidad que aún sufren los pueblos indígenas.
Así lo manifestó Gloria Jusayú, asistente de dirección, asesora, productora indígena y actriz del largometraje, quien aseguró que el filme trató una «historia actual, una realidad que no se ve, pero que todavía ocurre día a día».
En medio de aquella matanza, las mujeres de la comunidad arriesgaron sus vidas para ayudar a escapar a sus hijos, objetivo logrado por Shuliwala, una niña de 10 años. La menor, sin saber ni una palabra de español, huyó hasta una ciudad fronteriza, Maracaibo, donde sus problemas aumentaron, pero buscó la forma de sobrevivir y regresar a su hogar.
Esa trama ha hecho que 7 mil espectadores, hasta ahora, hayan ido al cine a ver la película que el viernes pasado comenzó a proyectarse —aparte de la capital zuliana— en las salas comerciales de Caracas, Maracay, Valencia y Barquisimeto, para luego dirigirse al oriente de Venezuela, mencionó Jusayú.
Destacó que El Regreso ha ocasionado que por primera vez las personas wayuu asistan a los cines y centros comerciales de la ciudad. «Mientras haya asistencia, la película estará respirando en la cartelera», apuntó.
Jusayó pidió recomendar boca a boca, por redes sociales o cualquier otra vía de comunicación que el público venezolano acuda al cine para ver un largometraje criollo «hecho con cariño, respeto y 90% de personal zuliano».
«Agradecemos enormemente a Patricia Ortega, guionista y directora del filme, por visibilizar una forma de vida que muchos ven como algo diferente, aunque no lo es, ya que eso sólo significa que existe una diversidad de modos de vida», expresó.
Añadió que la cinta también refleja la importancia que los wayuu le dan a su tierra, sus valores, tradiciones y familia, además de que pretende buscar que ya no se vea a los indígenas a través de la «mirada racista».
«Lo que muestra el largometraje continúa pasando en las zonas fronterizas, donde los pueblos barí, yukpa, yanomami, warao… parecieran tierras de nadie. Cuando llega alguien extraño, sucede el atropello y nadie dice nada, sino que se silencia el hecho», criticó Jusayú.
Para ella, el mensaje de la película es recordar el suceso para que no quede impune, y dar a conocer los valores indígenas, como el rol de la mujer wayuu y la importancia que le otorga a su pueblo natal. «Se muestra nuestra realidad y forma de vida para que nos entiendan y sepan que aquí estamos», enfatizó.
Jusayó consideró necesario retratar en la gran pantalla los valores de la cultura indígena, y no adaptar a los espectadores sólo a las producciones de violencia o de superhéroes hollywoodenses.
«Esta película los va a hacer reflexionar, para que no nos vean sólo como ‘bachaqueros’. Ojalá cambie la forma de ver a los indígenas y erradique el racismo hacia ellos en Zulia», acotó.
El Regreso, cuya realización tardó dos años y se efectuó en idioma wayuunaiki casi en su totalidad, es la primera película en la que participa notablemente Jusayú, aunque tiempo atrás también trabajó con Ortega en el documental Kataa Ou-Outa, que en lengua indígena significa «Vivir-morir», el cual motivó la creación del reciente filme.
En la actualidad, Jusayú trabaja como directora de arte para una serie de televisión llamada Barrio Sur, que se rueda en Caracas y espera salir al aire próximamente.
Jusayú reiteró la invitación a ver El Regreso y deseó que el largometraje toque la fibra de sus hermanos alijunas de Maracaibo, Zulia y Venezuela, para que luego pueda representar a todo el país en festivales internacionales.
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David Contreras/@DavidContrerasX
Noticia al Día

viernes, 30 de agosto de 2013

El regreso: solidaridad entre niñas


Una es de la etnia wayuu y la otra alijuna o forastera: Daniela González y Sofía Espinoza son las revelaciones de una película zuliana que se inspiró en una masacre real ocurrida en la Guajira en 2004
20 DE AGOSTO 2013 - 12:01 AM


El regreso | Cortesía El regreso




La primera parte la acapara Daniela González, que pierde su cabello y no precisamente por culpa de un “robapelo” zuliano. En la segunda se crece Sofía Espinoza, que ha escondido su melena femenina para camuflarse entre una miseria que deja los sueños rotos.
Ninguna de las dos tenía más de 11 años de edad durante el rodaje en 2011, y ambas son las revelaciones de una película zuliana que se sitúa lo más lejos que se pueda concebir de las grandilocuentes biografías de próceres tan de moda en estos días.
 
l regreso, de la directora maracucha y debutante Patricia Ortega, tiene el lenguaje directo y sencillo del mejor cine iraní y sus imágenes esconden de todo un poco: solidaridad infantil, sutil pero militante feminismo, cautivador documento étnico wayuu (de los pueblos originarios, el más grande e indómito de Venezuela) y denuncia de una masacre real perpetrada en el lado colombiano de la Guajira (la frontera, en realidad, solo existe en los mapa de los alijuna o forasteros) en abril de 2004.
Shüliwala (González), una niña wayuu de 10 años de edad, juega con una muñeca de barro en medio de su universo amarillo de arena, sol, viento y agua salobre. Le sorprende la menstruación y, como ordena una tradición desalmada a los ojos de la pedagogía occidental, de inmediato se le alista para la vida de mujer: su cabello será cortado y se le separará de su ropa y objetos infantiles. Prácticamente en el mismo instante, Shüliwala presencia cómo su clan familiar es vejado y masacrado, y deambula hasta Maracaibo, donde conoce a Bárbara (Espinoza), chiquilla de la calle que comercia con su propio cuerpo y con frascos de pega de zapatero para engañar al hambre.

Golpear a las mujeres
En un informe elaborado por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación de Colombia (www.centrodemoriahistorica.gov.co), se detalla que la masacre de Bahía Portete, en la que se inspiró Ortega para El regreso, fue cometida en 2004 por paramilitares con el objetivo de golpear el liderazgo femenino de un clan wayuu (la etnia se caracteriza por su arraigado carácter matriarcal) y de herir el honor de los hombres a través de la tortura sexual y mutilación de sus mujeres.
El atroz incidente marca también una transición en la textura del color en la dirección de fotografía de Mauricio Siso, uno de los bastiones artísticos de la cinta. 
Gloria Jusayú, del clan Epieyú, no solo interpretó a la mamá de Shüliwala en El regreso. También se forma como futura directora de cine y fue la asistente y asesora étnica de la directora Ortega en la película.
“Es lamentable que muchos de mis hermanos hayan perdido su bagaje de conocimientos sobre la vida ancestral”, se queja Jusayú, que colaboró en el rodaje con detalles sutiles: “En nuestra cultura, por ejemplo, no está bien visto que una persona mire fijamente a la cara a otra. Nos tapamos el rostro cuando lloramos porque es un sentimiento muy íntimo, que no debe ver más nadie. En cuanto al rito de iniciación de una niña, es algo hermoso: se le corta el cabello porque significa que va a renovarse, a volver a nacer. Por eso se la aísla del resto de 
su clan”, explica la actriz y cineasta, que reconoce que no quedó nada contenta con Wayuu, la niña de Maracaibo;  del director Miguel Curiel, ambientada en la Guajira y estrenada en 2012.  

Ficha
El regreso
Drama. Venezuela, 2013
Directora: Patricia Ortega
Reparto: Daniela González, Sofía Espinoza, Laureano Olivares, Gloria Jusayú
Desde el viernes 23 en cines de Maracaibo
Estreno nacional: viernes 30 de agosto  

@alexiscorreia
acorreia@el-nacional.com
http://www.el-nacional.com/

sábado, 15 de junio de 2013

SINVERGÜENZA,AVARO Y FLOJO


OBRA TEATRAL ORIGINAL DE MANUEL MARÌA FERNÀNDEZ AÑO 1854.
DIRECCIÒN .PRODUCCIÒN GENERAL IVETT CASTELLANO


 




 
 
 
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skype:kaijuna
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 11 de diciembre de 2012



 

Miércoles, 28 de Noviembre de 2012 18:38
La comunicación está presente en todos los ámbitos del territorio, por eso es fundamental para nuestras familias, comunidades, procesos organizativos, resistencias y Planes de Vida. La comunicación inicia desde el vientre, desde cuando sentimos las tristezas y alegrías de nuestra madre. Desde cuando nos alimentamos con los primeros frutos de nuestra Madre Tierra. Desde cuando cruzamos miradas, señas y sueños alrededor del fogón.
Nuestra comunicación natural nos identifica como seres colectivos, porque siempre estamos intercambiando, dialogando, sintiendo y expresando en comunidad. La comunicación está presente cuando le ayudamos a nuestros padres y madres a sembrar, a cosechar, a encender el fogón, a desgranar el maíz, a cocinar los alimentos. Cuando masticamos la hoja sagrada y fumamos tabaco. Cuando nos comunicamos con los espíritus, con el agua, con el fuego, con el viento, con las plantas, con los animales y con todos los hijos de nuestra Madre Tierra. Cuando escuchamos las memorias de nuestros abuelos y nos tejemos a ellas. Cuando participamos en las mingas comunitarias, en las asambleas, en las juntas directivas, en las reuniones de los cabildos, en las ritualidades de nuestra comunidad. Cuando reflexionamos y danzamos en nuestros encuentros de palabra y acción constantes en el territorio. Cuando recorremos nuestros resguardos escuchando y recogiendo la palabra de las comunidades. Cuando nos armonizamos con nuestros guías espirituales. Cuando caminamos la palabra de los pueblos en defensa de la vida y del territorio. Todos, cada uno de los anteriores y los que se quedan sin nombrar, son espacios de aprendizaje, de saberes, de conocimientos, de prácticas propias, de comunicación: de palabras que se caminan y de caminos que se hacen palabra palabrandando.
Palbrandando llegamos hoy a este momento; a este encuentro. Palabrandando reconocemos tres asuntos que queremos abordadar. 1. El camino de nuestros saberes ancestrales resulta indispensable para salvar la vida toda ante el suicidio irremediable hacia el que vamos. 2. El saber indígena que se camina y se debate y se reflexiona colectivamente no es la cárcel de las costumbres sino el fundamento del tejido colectivo de futuro y 3. Como carecen de argumentos para negar las verdades que nos hacen indígenas, o sea, comunicadores de la Madre Tierra y para ella, nos niegan los recursos para asfixiar el saber y el camino. Esos son nuestros desafíos políticos y éticos para comunicarnos y ser indígenas.
Todo lo que se teje alrededor de estos espacios son saberes para defender la vida. Saberes amenazados por un proyecto dominante, por un modelo económico moderno, conquistador y ahora transnacional de codicia que a través de múltiples estrategias como el terror y la guerra, la legislación del despojo, el sometimiento ideológico y la cooptación, convierte a nuestra Madre Tierra en negocio y mercantiliza la palabra. Un modelo de agresión que insiste en romper nuestros tejidos vida y nuestras resistencias. Modelo que puede representarse como máscara y cadena. Máscara que nos obligan a usar para re-presentarnos como no somos y relacionarnos como cosas, como objetos, mientras los objetos se nos roban la vida convirtiendo todo en mercancía. Como cadenas que nos arrastran por un camino ajeno al de nuestros pueblos y territorios y a las que resistimos o nos acostumbramos a llevar como prendas de uso diario. En ese contexto, nuestro reto mayor es recuperar, recrear, replicar y tejer esos saberes para defender la vida y el territorio desde nuestros procesos políticos organizativos. Si nosotros y nosotras no encontramos la forma de superar la manera en que hacemos todo orientados por la codicia y seguimos distanciándonos de la Madre Tierra, vamos a morir. Quitarnos las máscaras y arrancar las cadenas, para reconocernos de nuevo en el gesto y la palabra que han estado ocultos y en el camino que nos han impuesto.
Nuestro conocimiento indígena es fundamental para la vida, porque sin este no hay supervivencia. Sin una convivencia armónica y equilibrada con la Madre Tierra, no encontraremos nuestra paz. Tenemos la obligación de escuchar la palabra de la Madre Tierra. La crisis actual está matando la vida, pero los caminos del saber para defenderla están entre los pueblos indígenas con otros pueblos y procesos que luchamos por otros mundos posibles y necesarios. Retomar la esencia de los caminos del saber para defender la vida y recorrerlos, nos hace más comprometidos y responsables para tejer con otros pueblos y procesos. Esto no quiere decir que nos podemos encerrar en la cárcel de las costumbres, porque ser indígena en el contexto actual no sólo recoge el pasado de nuestros ancestros. Sino que es futuro. Somos futuro. Nuestro compromiso es convertir nuestros principios en saber, en camino y en futuro para defender la vida. Tener la esencia del saber ancestral no significa saber y tener soluciones para todo. Significa seguir aprendiendo, construyendo y tejiendo desde lo indígena con otros pueblos y procesos organizativos.
Los fundamentos del saber ancestral, únicamente sirven cuando se renuevan ante los desafíos del presente, no cuando nos encadenan nostálgica y autoritariamente al pasado. Los principios de nuestras raíces, como el tejernos a la vida y reconstruir el equilibrio y la armonía solamente tienen validez en tanto nos sirvan para reconocer y tirar las máscaras y las cadenas. Ser indígenas, originarios, de la tierra, es ser futuro, libertad, propuesta, desde las raíces, hacia la libertad en armonía. Por eso, ser indígenas y comunicarnos caminando nuestra palabra de futuro, no es para nuestras comunidades; es el regalo de nuestros pueblos e historias a otros pueblos y nuestra retribución a Mama Kiwe. No pedimos que nos den caridad ni que nos ayuden. Exigimos que nos permitan detener el rumbo que nos lleva al suicidio en el afán de convertirlo todo en basura y codicia. Comunicamos para caminar en Minga. Exigimos porque tenemos derecho a compartir y entregar: a tejernos.
En ese camino, y pensando en la política de comunicación diferencial que debemos seguir construyendo desde nuestras comunidades, nuestra claridad debe partir de entender que el mecanismo principal de que se sirve la conquista y el régimen para silenciarnos es limitar los recursos que nos reconocen. Que estamos exigiendo lo mínimo que necesitamos para poder seguir movilizando nuestros tejidos de comunicación para la verdad y la vida desde nuestros territorios y muchas otras cosas importantes para nuestra pervivencia y convivencia con nuestra Madre Tierra. Debemos entender que nos asfixian con cosas meramente económicas para negarnos el derecho a comunicar. Ellos, quienes manejan los recursos no pueden ni deben orientarnos, les agradecemos que participen con respeto, bajo condiciones que tenemos derecho de definir, mientras cumplan con reconocer y respetar nuestros derechos. Que nos apoyen con los recursos que merecemos y exigimos para hacer nuestro proceso: retomar la esencia de la comunicación y nuestros saberes para que haya vida; transformar la cárcel de costumbres en caminos para que haya futuro.
También, los recursos esenciales para realizar este proceso y para comunicar: técnicos, humanos, legales, económicos, pedagógicos, deben ser identificados y no son negociables, ni son mercancías. Porque si el régimen continúa con su codicia insaciable va a lograr la destrucción de nuestros caminos del saber para defender la vida; porque convertir nuestras costumbres en cárcel es autodestruirnos y el desafío debe ser liberarnos; porque la sociedad y en su nombre el Estado debe garantizar todos los recursos necesarios para continuar con nuestro compromiso ético de consolidar tejidos de comunicación y de palabra digna en todo el Abya yala.
Así la comunicación desde nuestros territorios y nuestros procesos políticos organizativos, tiene que ser para caminar nuestros pensamientos. Como nos dijo una mayora en Caldono antes de salir a la Minga de Resistencia Social y Comunitaria en el 2003: "Si no tenemos palabra para caminar, mejor no salgamos". Una palabra tejida a la vida para defender nuestros pueblos, una palabra en armonía con la Madre Tierra.
Tejido de Comunicación ACIN

 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Mujeres Yukpas de la Sierra de Perijá




Heridas de balas, madres de hijos impunemente asesinados, irrespetadas, silenciadas, descalificadas, invisibles ante el poder

 María de los Ángeles Peña Fonseca

I
Anoche pude hablar con Zenaida, mujer yukpa,  hija de Sabino, hija de Lucia; impactada por dos balas de alto calibre en  medio de un enfrentamiento  entre ganaderos, ejercito y yukpas. Zenaida,  venezolana como tú, como él, como ellas, las y los de los ministerios.
“Más o menos me siento”, me dijo. “Una de las  balas me quedó en la espalda , y tengo miedo”. Escuché de fondos niños llorando, y le pregunté cómo está la gente, como está la abuela que también está herida,  pero no hubo respuesta pues  la llamada se cayó. De inmediato  tuve la imagen de Zenaida y el poema de Jo Carrillo juntos, titulado Y cuando se vayan, llévense sus retratos, el cual adapto  a la situación que está atravesando la vida de las mujeres yukpas y de las mujeres indígenas en general cuyas voces son silenciadas, aun  y cuando, muchos despachos de ministerios tengan en sus paredes fotos, afiches de ellas…

 A nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos, amigas radicales
les encanta tener retratos de nosotras
sentadas junto a la vasija de barro
rallando  la yuka
manejando el machete
en guayucos y collares brillantes
cargando nuestros niños morenos amarillos
leyendo libros de las
campañas
recibiendo las bolsas de comida que nos trae el Minpi
nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos y amigas radicales
deben pensarlo de nuevo
A  nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos, amigas radicales
les encanta tener retratos de nosotras
andando por el conuco en el sol ardiente
descalzas,autóctonas,
en guayucos y collares brillantes
cargando niños morenos amarillos
recibiendo las bolsas de comida que nos trae el MINPI
sonriendo.
Nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos y amigas radicales
deben pensarlo de nuevo.
Nadie se sonríe
al dar frente al día
escondiéndose por el monte porque está el sicario del ganadero apuntando
o yendo a enterrar a nuestros hijos muertos por diarrea , fiebre y gripe
nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos, amigas radicales.
Y cuando nuestros camaradas revolucionarios y revolucionarias
amigos, amigas radicales nos ven
en carne viva
no como su propio retrato
no están muy seguros, muy seguras
si
les encantamos tanto.
no somos tan felices como nos vemos
en
sus
paredes
 
II
En 1980, Pat Parker, feminista, poeta afrodescendiente lésbica, escribió que La revolución: no es limpia, ni bonita, ni veloz. Sabía lo que decía porque vivía la opresión que solo las mujeres negras, indígenas, inmigrantes, pobres, violentadas,  sufren. Es la opresión que se refuerza en cada experiencia de violencia y exclusión. Opresión que viene de todos los frentes: derecha,  centro e  izquierda. 

Resulta más previsible recibir los golpes de la opresión que viene de la derecha.   Sus rasgos no se esconden, son explícitos. Pero cuando viene de la  ciertos sujetos identificados con la  izquierda revolucionaria,  la opresión, suele confundir  en sus rasgos porque se mimetiza. Sabe esconderse. Sabe disfrazarse. Pero al final, aunque suene paradójico, ésta desata su fuerza con los mismos argumentos de odio que la surgida de la derecha. Lo sabemos las mujeres identificadas con el movimiento feminista y de dignidad lo difícil que  ha sido desenmascarar el racismo y el sexismo cuando éste proviene de quienes se asumen como “camaradas” de la lucha. El patriarcado pacta y no le importa luego la ideología política. Es astuto. Sabe hacer alianzas pues lo fundamental aquí es demostrar quien representa el poder. Y el poder se representa invisibilizando las voces de las mujeres, callándolas, violándolas, matándoles a sus hijos, disparándoles cobardemente, porque entendamos mujeres aquí a los machos se les respeta.
III

Dicho lo anterior, la experiencia de las mujeres indígenas Yukpas de la Sierra de Perijá lo constata.  Carmen Fernández, en luto porque sus dos hijos fueron asesinados. “Calladita se ve más bonita”, es el mensaje para ella. No denuncie señora, que entre usted y nosotros, la bala pesa más.

A Guillermina, hija de Sabino, el día en que su abuelo fue asesinado, los sicarios que la metieron en la camioneta amenazándola con el arma sobre sus partes íntimas, le recordaban que allá mujer no es gente.  Asi que también, mire usted, “india altanera, cuidese oyó que pa la próxima, no habrá vida”.

A Lucia, Carmen, Zenaida, Marilis, recuerdo, cuando iba a visitar a sus presos, las mandaban a agacharse, y los militares, se burlaban de su desnudez, de su fragilidad, de estar agachadas  como quiere el poder  que estemos siempre las mujeres, agachadas, piernas abiertas, miedosas y sumisas. Denunciaron ellas esto. Nada pasó. Nadie del poder de izquierda se inmutó.

A Anita, cuando iba una y otra vez a la policía a denunciar el acoso para con su comunidad, las amenazas de muerte para con ella, para con su madre, un día, en plena sala, un efectivo de la policía de Machiques le expresó: “di, di tú, dónde están tus hermanos, que uno a uno los mataremos y nos beberemos su sangre”. Aquí la  muerte efectivamente se consumó pero con este preludio de odio hacia ELLAS.

¿Hasta cuándo?
Caracas, miércoles 17 de octubre de 2012
Erradicar la violencia contra las mujeres indígenas
Compartirán buenas prácticas en la atención, prevención y sanción de la violencia de género.
CHIRAPAQ y ComVoMujer participarán en el VIII Congreso de la Red Latinoamericana de Antropología Jurídica RELAJU.
Género, derechos de las mujeres y pluralismo jurídico será una de las temáticas que abordará el VIII Congreso de la Red Latinoamericana de Antropología Jurídica RELAJU que se realiza en Sucre, Bolivia, del 22 al 26 de Octubre.
Este año esta dedicado al pluralismo jurídico en América Latina, el cual será analizado de forma crítica desde la teoría y la práctica en ocho mesas de trabajo simultáneas con la presencia de 200 expositores.
CHIRAPAQ Centro de Culturas Indígena del Perú, participará en representación de la alianza con el Programa Regional ComVoMujer de la GIZ.
Se darán a conocer las buenas prácticas en la atención, prevención y sanción de la violencia de género en el Perú. El debate se realizará este miércoles 24 de Octubre a las 9.00 a.m. en la Sala Ruck del Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia.
Se analizará la participación de las mujeres en las asambleas y el ejercicio de los cargos decisorios, la formación en derechos y liderazgo, la comunicación indígena como estrategia para crear conciencia frente al problema y los retos en la educación de niños y adolescentes.
Otro punto a discutir será la acción de la justicia comunitaria para atender y sancionar efectivamente la violencia contra la mujer.
CHIRAPAQ y el Programa Regional ComVoMujer mantienen una alianza estratégica frente a la lucha contra la violencia de género en el Perú.
La Red Latinoamericana de Antropología Jurídica RELAJU agrupa a antropólogos, juristas y sociólogos de Latinoamérica y de diversas partes del mundo, interesados en la realidad y la reflexión teórica sobre la pluralidad jurídica, tanto en países con minorías étnicas y pueblos autóctonos, como en sociedades industrializadas.
Para mayor información visite www.relaju.org.bo