NI ERA VACA NI ERA CABALLO de Ediciones Ekaré.
NI ERA VACA NI ERA CABALLO de Ediciones Ekaré.
El autor de este libro es Miguel Angel Jusayú, Escritor del pueblo indígena waiù , tiene en su haber las obras: Morfología guajira, Diccionario de la lengua guajira y Diccionario sistemático de la lengua guajira, entre otros. Además, ha escrito libros de cuentos y leyendas, algunos de ellos traducidos a otros idiomas, como Ni era vaca ni era caballo, de Ediciones Ekaré, con versiones en noruego, danés y sueco. En el atardecer guajiro, mientras un niño pastor busca una oveja perdida, se encuentra con un ser temible y desconocido: no es ni vaca ni caballo









NI ERA VACA NI ERA CABALLO
Nno’jotsü páain jia’yaasa nno’jotsü amáin jia’yaasa
En aquel día yo era pequeño. Era yo el único que estaba, no
había en la casa otro muchacho conmigo. Mis familiares me querían
mucho: mis abuelos y mis abuelas. Ellos no me tocaban ni me
hacían nada, me acariciaban:“nene, nene” –me decían ellos. ¡Quién
sabe qué edad tenía yo en aquellos días! Pues no había nadie que
llevase la cuenta de la edad.
Nosotros estábamos viviendo en lo alto de una colina; no me
acuerdo dónde fue eso. El mar estaba situado al este, cerca de
nosotros. Había unos cerros situados al oeste y al sur de nosotros;
tenían los cerros muy buen aspecto y los veíamos azules desde casa.
Al lado norte, en lo alto de una loma, había un cementerio llamado
Wülísimou. Había un arroyo al lado oeste de nuestro rancho,
llamado Kule´matamáana*
. Por el lado sur vivían unas personas.
Como hacia el sureste había unas grandes sementeras, que eran
nuestras, llamadas Chalítpia.
El rancho nuestro estaba rodeado de vegetación, no estaba
ubicado en un lugar despejado. Había alrededor muchos árboles
tales como: matas de cují, matas de dividive, matas de guamacho y
también cardonales y tuneros.
Ahora bien, cuando ya yo estaba un poquito grande,“¿qué será
mejor para el niño?” –decía el hombre de quien yo era hijo.“Lo
mejor es que yo le dé animales; conviene que yo busque ovejas para
que él las pastoreé” –decía él.Y así lo hizo, trocó una yegua por
unas borregas; eran unas ovejas de un hombre llamado Órrou.
Después trajeron al rancho unas veinte borregas hermosas.
“Sí, aquí tienes unas ovejas para que las pastorees. Tendrás que
ser diligente detrás de ellas; no las vayas a desatender, las tienes
que querer. No tienes que estar allí junto al fuego en las topias,
contemplando la olla. Sábete que tener animales es lo mejor; si no
tienes animales, tendrás que estar mendigando por ahí la leche
de animales ajenos” –me decía mi padre cerca de las ovejas. Él me
encarecía las ovejas, ellas son traviesas cuando uno las tiene como
animales de cría, no son como las cabras. Si se las descuida un poco
se echan a perder; se extravían de pronto; algunas veces vuelven
a la casa; otras veces duermen fuera, en el campo; otras veces se
dispersan; otras veces se ligan o mezclan con ovejas ajenas y de ahí
se las comen. Pero las cabras, cuando se las cría, no necesitan tantos
cuidados. El único trabajo que dan las cabras es abrirles tempranito
el corral después del ordeño y recogerlas en el corral cuando ya se
está poniendo el sol y ya están de regreso del campo.
Pues bien, las ovejas me fueron entregadas cierta tarde. Las
colocaron cerca del rancho, debajo de un cují.Yo estaba muy alegre
con ellas, estaba pasmado de admiración. No quería apartarme de
ellas, a la hora de comer me llevaba junto a ellas la comida. Por
aquellos días no habíamos tenido ovejas, lo que habíamos tenido en
abundancia eran las cabras.
Ahora, después, cuando empecé a pastorear las ovejas, tenía yo
por costumbre ir todas las mañanas al monte*
. Siempre me hacían
levantar tempranito; y en seguida me mandaban con el rebaño que
pastoreaba.Cuando era pequeño no solía andar por el monte sino
que siempre permanecía en la casa.Antes no había conocido los
lugares o parajes retirados de la casa; lo único que conocía eran los
alrededores cercanos de ir a buscar la leña e ir a buscar el burro.
Pues bien, muy a los comienzos,temía perderme en el monte
juntamente con las ovejas; por eso les hacía dar vueltas cerca por
los alrededores de la casa. Más tarde ya las conducía a sitios más
apartados, las llevaba a donde había pasto.
Estaba siempre en el campo con las ovejas. Solía hacerlas llegar
a la casa al mediodía; yo las agrupaba debajo de unas matas de
dividive donde ellas rumiaban. Me daban de comer a mí en cuanto
llegaba.Descansaba un rato para ir de nuevo al monte con las
ovejas. Después de eso las volvía a traer cuando ya el sol estaba para
ponerse y de una vez las metía en el corral.
Nosotros en nuestra casa, había veces que hacíamos una sola
comida y en otras ocasiones comíamos hasta tres veces al día.
A veces se pasaba hambre en casa; y otras veces había comida
abundante. Solíamos beber leche de cabra hervida a la mañanita
y al anochecer.A veces tomábamos mazamorra* de leche,hecha
unas veces de maíz, otras de millo, de bagazo de yuca, de aceituna
salcochada, solía hacerse así siempre.
Nosotros comíamos de nuestra cosecha; solíamos comer la carne
de los animales que criábamos. Había comida, fruto de los lloros
en los velorios**; otras veces comíamos con el pago dado por las
muchachas; otras veces de lo que pedíamos, otras veces comíamos
comida cambiada por otras cosas.A veces iba mi padre al monte a
cazar. Si a él le iba bien, lograba piezas de caza tales como: conejo,
venado, iguana o si no machorro.
A veces iba de cacería nocturna*
. Si le iba bien, traía como
piezas de caza muchas aves,tales como: palomastorcaces,palomas de
patas rojas, palomas nocturnas, tortolitas, zancalargos o paraulatas,
cotorras o si no también iguanas. Eso lo comíamos sancochado,
otras veces asado. Era muy sabroso, lo preparaban bien; le ponían de
acompañamiento cosas como: yuca,batata, auyama o si no bollitos**.
Cuando yo era pequeño solían intimidarme o atemorizarme y
me hablaban de unos animales del monte que eran muy malos, tales
como: zorro, búho, y también el oso hormiguero.
“Eso come muchachos, estate bien alerta con ellos” –se me
decía.“Hay una cosa horripilante y es muy mala, que se llama
yolu´já. El yolu´já es andariego y recorre los campos y caminos
en las noches; captura a la persona con la que se topa, no la deja
tranquila” –también me decían.Yo me creía lo que me decían.
Siempre cuando caminaba por el monte tenía miedo.Al anochecer
me acostaba en mi chinchorro con miedo.“Que no me encuentre
con algo como eso. Que no me llegue a mí en la noche” –pensaba yo
en mis adentros. No me atrevía a levantarme en la noche a orinar
del miedo. Me aguantaba las ganas de orinar hasta que amanecía.
Algunas veces me orinaba en el mismo chinchorro.
Después me daban a mí un fuerte regaño por aquello.Y dígame
cuando escuchaba el ulular del búho y el aullido del zorro en la
noche en las cercanías de la casa, quedaba tieso del miedo en el
chinchorro. Brotaba mi orinada sin darme cuenta.
Cada vez que andaba por el camino, no sentía tanto miedo.
La presencia de las ovejas me libraba del miedo. Me preocupaba
constantemente de que mi rebaño estuviese completo para que no
me mandasen al anochecer a mirar entre los rebaños de los vecinos
en busca de alguna que faltaba. No caminaba solo de noche o
cuando el sol estaba nublado; temía toparme con un yolu´já o con
un búho o si no, con un zorro.
Pues bien, ¡qué bien le iba a mi rebaño! No sufría hambre, las
lluvias caían a su tiempo; se multiplicaba mucho, tenía buenos
carneros, castrados, y además estaban completos, no era frecuente
que se perdiese algún miembro del rebaño. No se comía mucha
oveja; se sacrificaba mucho más las cabras. Las sacrificaban para
el consumo de la casa,se las daban como regalo a algún visitante,
se vendían, y finalmente eran un aporte cuando se hacía alguna
colecta.
Yo era siempre muy alabado por la gente que me veía
pastoreando las ovejas.“¡Qué diligente es el hijo de él!” –se decía
de mi padre aunque él no se enteraba y pronunciaban su nombre.
Había personas que lo decían. Había unos familiares de mi padre,
que sumaron ovejas a mi rebaño.Habían hablado antes con mi
padre, sumaron algunas ovejas al rebaño porque veían que yo era
muy diligente. Después fui muy apreciado por el cuidado de sus
ovejas. Me regalaban algo así como un sombrerito, la camisita o
si no comida. Si en alguna oportunidad pasaba por sus casas con
hambre,“ahí está ese, dénle de comer” –me decían.
Pues bien, habían transcurrido unos cuantos años y las ovejas
se habían multiplicado.Yo sufría cada vez que las llevaba al campo.
No podía controlarlas. No me hacían ya caso,se dispersaban
alejándose de mi presencia. Pues bien, yo me esforzaba corriendo
y gritando tras ellas, no hacían caso.Yo daba carreras furioso entre
la maleza.Además me encolerizaba contra las ovejas, les caía a
pedradas, les daba leñazos y otras veces les daba puntapiés.Yo
sufría corriendo de un lugar para otro: me tropezaba con los palos,
me mancaba los pies, me rasguñaba con las espinas.A veces lloraba
por eso; otras veces aguantaba.
Pues bien, ya por fin, estaba harto de las ovejas. No me sentía
ya como cuando empecé a pastorear. La tristeza poco a poco se
iba apoderando de mí por encontrarme solo siempre en el campo.
Únicamente de noche y para dormir me permitían estar en casa, y
también al mediodía un ratico para comer algo.
Yo estaba lleno de tristeza, me daba mucha rabia porque me
mandaban todas las mañanas al monte con las ovejas. Mi anhelo era
quedarme en casa. Quería quedarme jugando con mis hermanos
pequeños.Y tuvo por fin que llegar un momento en que me sintiese
muy disgustado ya que desgraciadamente había crecido y me
había desarrollado en el campo y además nadie me acompañaba
a pastorear. ¿Qué era lo que yo podía divertirme andando? ¿Qué
era lo que podía servirme de diversión en el monte? No había un
muchacho con quien conversar; no había un muchacho con quien
bromear mientras estaban pastando las ovejas. Lo único que veía
todos los días eran los cujíes, los dividives, los cardonales, los
tuneros, y machorros, culebras e iguanas. Lo único que escuchaba
era el canto de las aves por encima de los árboles y la voz de los
animales del rebaño. Voces a las que ni siquiera les entendía el
significado, como para que me pudiesen alegrar. Si me encontraba
algún que otro día con muchachos en el monte,si eran mayores, yo
los esquivaba y me ocultaba de ellos. Se metían conmigo.Me daban
coscorrones; me amagaban con las flechas o si no con un palo. Pero
si veía alguno de mi tamaño sí hablaba y jugaba un rato con él.
Algún tiempo después, apareció de pronto una peste en
las ovejas,se hinchaban, echaban espuma, estaban atontadas, no
pastaban. Se iban muriendo una tras otra de la noche al día. ¡Qué
pérdida de ovejas! No se botaban,se comían; eran desolladas,su
carne era acecinada,su carne era normal y estaba buena y sabrosa,
ya que no estaban flacas, sino que se morían gordas.
Lo que estaba muy dañado eran sus vísceras: el hígado, el
estómago y las tripas; estaba deshecho, como si estuviese cocido.
No era conocida la peste que había matado a los animales. No se
sabía de dónde provenía, apareció de repente.
Ahora, después de eso, quedaron como restantes una pequeña
cantidad de ovejas.“¿Qué será bueno entonces para ellas? Lo
mejor es que yo busque reponer las que se han muerto” –dijo
entonces mi padre.Y así lo hizo, hizo que vinieran unas cuantas
ovejas adultas.A ellas les puso los palos en el cuello*
, y las
mancornaba con las de las casa para que no se escaparan.“Aquí está
esto, cuídalas bien. Si permites que se pierdan, te voy a azotar” –
me dijo.“Sí, así lo haré, las cuidaré” –le dije a él.
Las ovejas nuevas fueron traídas en época de lluvias. La
superficie de la tierra estaba muy verde; la vegetación estaba muy
alta; abundaba el agua como de aquí para allá**
. Una vez cierto
día me hallaba yo por allá en el campo pastoreando las ovejas.
Ellas pastaban bajo un cujizal. Eso era ya en la tarde; y a mí se
me ocurrió ponerme a jugar mientras ellas pastaban.Yo me había
sentado en el suelo a fabricar un ranchito. Le ponía por pared
barro, por techo corteza de palo, alrededor tenía todo limpio y
despejado. La casa a mí me parecía muy bonita, me resultaba
muy atractiva su misma hermosura, parecía una casita de verdad.
No me había olvidado de las ovejas, de todas maneras yo a cada
rato las miraba, estaban por allí agrupadas cerca de mí. Pues bien,
seguramente se escapó de repente una de las ovejas nuevas sin
que yo le advirtiese.Yo me hallaba jugando debajo de un cují; yo
estaba tan tranquilo jugando con mi casita. Pues bien,seguramente
apareció por allá viniendo hacia mí mi padre, había estado
trabajando*
como por allá. No me di cuenta para nada de que
llegaba; me asustó cuando me golpeó con su pala, caí seguidamente
al suelo perdiendo momentáneamente el conocimiento. Me había
golpeado con la misma pala que había utilizado antes en el
trabajo; veía mi sangre chorreando. ¡Quién sabe de dónde me salía
la sangre! No acababa de explicármelo.A mí me parecía que mi
carne no me dolía,seguramente porque todavía era muy muchacho.
Él me dijo un montón de cosas; amagaba con darme.“¡Conque
tú eres así! ¡Conque no estás tú pendiente de las ovejas como yo
creía! ¡Conque te la pasas jugando prescindiendo de ellas!” –me
decía.“¿Dónde está la oveja nueva?” –me preguntó.“Ahí está” –le
dije con mucho miedo. En realidad ella se había ido hacía mucho
tiempo, se había separado mucho antes de las demás. Después yo
me dirigí a la casa. En medio de lloros conduje las ovejas a la casa; e
inmediatamente en cuanto llegué las metí en el corral.
Al día siguiente, se levantó mi padre de madrugada para
emprender la búsqueda de la oveja y preguntar por ella en otros
lugares como por allá. Ensillé un burro, como cabalgadura.“Si no
aparece la oveja, te mataré después a ti cuando yo vuelva” –me
amenazó antes de partir. Tenía miedo, me afligí mucho con lo que
me había dicho mi padre.“¡Caramba! ¡Dígame si es verdad lo que
me dice! La verdad es que yo no tengo ganas de morir” –pensaba yo
para mis adentros. Pero yo tenía muchos pensamientos y pareceres,
“seguramente sus palabras se deberán a la rabia, ya que yo no puedo
valer lo mismo que una oveja” –pensaba.
Ahora, después, al día siguiente bien tempranito,“intenta y
vete a ver si la ves por ahí” –me decía mi madre.Y me fui entonces
como de aquí para allá por entre la maleza, por donde solía andar
con las ovejas.Aunque tenía la mirada atenta a sus huellas*
,no
veía absolutamente nada, lo que había era solamente huellas de
animales ajenos.
Pues bien, ya se me acercaba y casi se me echaba encima el
mediodía en eso. Me dirigí después a una sabana que se encontraba
un poco distante como de aquí hacia allá;“posiblemente esté ella
por allá” –conjeturaba yo.Aquella sabana, no tenía árboles en su
superficie, solamente había hierbas y por eso era el sitio preferido
de las ovejas.Yo me había dirigido a la superficie de la sabana,
porque desde allí se podía extender muy bien la vista por todo
aquello. Se divisaba cualquier cosa desde allí a lo lejos.Y en realidad
había sido totalmente inútil el haber andado por allí, no hubo
forma de que encontrase a la que buscaba.
Después, cuando todavía andaba caminando por la superficie de
la sabana, escuché de repente el ronquido de quién sabe qué cosa.
“Aquel ronquido que viene hacia acá ¿de qué será?” –pensaba para
mis adentros. Me sobresalté*
; me llené de pavor.“Seguro que eso es
lo que se llama yolu´já” –quedé pensando. Levanté la cabeza, miré
hacia el lugar donde había escuchado el ronquido de la cosa aquella.
“¡Qué lástima de mí, que me he tropezado con un fantasma tras
las huellas de aquella pedazo de oveja!” –dije dentro de mi cabeza.
Pues bien, vi de repente salir una cosa de gran tamaño y además
caminaba muy rápida, parecía marchar como un caballo que corriese
mucho. Sentí un gran pavor ante ella,“ahora sí es verdad que voy a
morir” –decía yo.Iba a gritar del miedo pero no me salía el grito, me
sentía como si tuviese tapada la garganta. Temblé, me caí al suelo
del miedo que tenía.
“¿Qué cosa será?” –dije.Ciertamente no es vaca, ni tampoco
caballo; no es burro, no es viento,ni tampoco es cabra, de hecho era
algo totalmente desconocido para mí. Pues bien, cuando ya me
encontraba tendido en el suelo, vi aquella cosa. No había conocido
algo semejante: no tenía piernas, su cabeza era grandísima y de
color verde; era gruesa y corta,se destacaban unas cosas negras
por debajo, había unos abultamientos en la frente, quizás aquellos
eran sus ojos,se notaban unos agujeros anchos a ambos lados de la
cabeza, quizás aquellos agujeros eran sus oídos; estaba desprovisto
de carne, se le notaban los huesos, tenía el dorso como si estuviese
abierto y hueco.Corría sin tener piernas. Se deslizaba, parecía como
si la estuviesen arrastrando.“El yolu´já sí es hábil, que corre sin tener
patas” –pensaba yo para mí.
Y pasó entonces la cosa; se alejaba hacia por allá levantando
una gran polvareda. Su olor era raro, olía a quemado, no era como
el olor del mma´ rrüla*
.“¡De buena me he escapado! ¡Menos mal
que no me ha olido!” –dije y me sentía muy contento. Estuve
tendido un rato encima de la hierba, esperaba a que se alejase la
cosa.
Después de aquello, me levanté del suelo, y me eché a correr
hacia la casa. Corría mucho, estaba como si hubiera escapado de
la boca del yolu´já. Ni se me ocurrió mirar hacia atrás, yo sentía
un cosquilleo y escalofríos, me parecía que la cosa me seguía.
Corriendo se me reventaron las cuerdas de la cotiza** y yo me
alejaba descalzo a todo correr. Yo saltaba por encima de huecos
y tunas; se me clavaban espinas en el pie, y no sentía el dolor del
miedo que tenía.
Pues bien, yo corría muchísimo. Estaba como si no tuviese
cabeza; ya no tenía fuerzas para correr cuando llegué a la casa; en
ese momento me caí tendido en el suelo. Hacia mí corrieron las
personas que en ese momento se encontraban en la casa.“Caramba,
¿qué te pasa?” –me dijeron. Por nada me salían las palabras; me
hallaba rendido en el suelo con la boca abierta.“¿Qué será lo que
le habrá venido acosando desde el bosque?” –dijeron las personas.
Fui levantado entre varios, me colocaron en un chinchorro.
Inmediatamente conté lo que había visto antes por allá por el monte,
pero más bien yo fui objeto de risa para todos. “¡Pero qué niño
tan tonto que se pone a llamar fantasma al camión! Mira, lo que
has visto es un camión” –me dijeron. No había conocido el camión
anteriormente, en aquella oportunidad vine a conocerlo, por eso
sentí mucho pavor ante él.
En aquel día, se hallaba presente un primo mayor que yo, quien
me explicó después detalladamente lo que era el camión.“El camión
no es un yolu´já, es algo hecho por la mano del alijuna por allá por
tierras lejanas. Es de metal, es de tabla y es de caucho” –me decía el
primo.
Pues bien, el primo me explicaba cómo funcionaba el camión.
“Dentro de él hay una máquina, llamada motor, precisamente es
con lo que camina el camión. Ello tiene fuerza, porque lleva dentro
puesta gasolina encendida. Junto al motor se encuentra sentado un
alijuna, es el que lo hace caminar, el que lo hace detener, el que lo
hace desviar, el que lo hace retroceder; lo llaman chofer” –me decía
el primo.
“El chofer se encuentra sentado, dentro de aquello que parece
cabeza. El camión es una cosa muy buena; está destinado a la carga,
tiene fuerza, aunque le pongan la carga que sea. Es veloz, no se
cansa. No come, no bebe agua como un animal doméstico” –me
decía el primo.“¡Qué bueno es el camión!” –le dije a él.
Después de aquello, sentía muchas ganas de ver el camión.
“Ojalá topase nuevamente conmigo” –pensaba en mi interior. Se me
ocurrió preguntarle al primo.“¿El camión es bueno? ¿No se come
a la gente?” –le dije.“Caramba, chico, y ¿por qué se va a comer a
la gente? Es hierro y es tabla, no te acuerdas que te lo he dicho.
Corre si tiene gasolina encendida dentro de su motor. No camina,
permanece quieto si no hay gasolina” –me respondió él.“Caramba,
la gasolina sí que es misteriosa, que hace correr una cosa cuando se
quema dentro de ella” –pensé por lo que me habían dicho.
Después estando yo dentro de mi chinchorro, o estando por
el camino tenía vivos en el recuerdo el camión y la gasolina.“¡El
alijuna sí es inteligente que fabrica semejante cosa!” –me decía
interiormente. En aquellas circunstancias teníamos un burro
castrado, viejito, de color moro o desteñido, y era de caminar muy
lento, al que yo llamaba Kuna.A pesar de que él no caminaba nada,
prestaba utilidad: con él se buscaba la leña, con él se buscaba el
agua, era utilizado como cabalgadura para moverse a cualquier
parte.Aquel burro era de mi abuela; aunque ella tenía burros en
abundancia, eran cerreros, se encontraban en el monte y nadie los
arreaba; Kuna era el único manso.
Pues bien, de repente entró en mi cabeza un deseo de hacer
algo.“¿Qué le pasaría a Kuna si le prendiese gasolina encima de él?
¿Correría muchísimo? ¿Sería su marcha como la del camión?” –
pensaba en mi interior.
Pues bien, después me fui a una casa en la que vendían
gasolina, me llevé un recipiente de totuma* de tamaño grande
para la gasolina.“Aquí estoy yo, vengo mandado de casa; y vengo
a pedir gasolina a crédito, y que se pagará después” –le dije al que
vendía.“¿Para qué es la gasolina?” –se le ocurrió decirme.“No sé,
solamente vengo mandado; no sé para qué la van a emplear” –me
limité a decirle. Entonces me virtió gasolina casi hasta arriba de la
vasija. Me fui con ella; la dejé después de paso cerca de la casa. La
escondí de paso en un hueco y la dejé bien cubierta.
Llegué a la casa al mediodía. El Kuna se hallaba amarrado
en su sitio habitual.“Ya va quedando poca leña, conviene que
yo vaya a buscar más” –le dije a la gente que se encontraba en
aquel momento. Me miraron todos,“¿Por qué en este día está tan
voluntarioso?” –me fue dicho.“Sí, no me pasa nada; sino que tengo
voluntad quiero este día ir a buscar leña” –le dije a la gente.“Bien,
vete pues, y enjalma a Kuna” –me dijeron por fin. Pues bien, me fui
con Kuna hacia allá.
Yo a la verdad tenía miedo; yo sentía tristeza por lo que iba a
hacer.“¿Qué haría yo si se me llegara a escapar Kuna de mi mano?
Porque ahora seguramente será muy veloz a causa de la gasolina; y
tendrá una velocidad como la del camión” –me decía en mi interior.
Pues bien, amarré el burro en un árbol frondoso de olivo. Reuní
unas leñitas y las coloqué por encima de la enjalma. Después de
aquello, me fui a la casa a buscar un tizón.“¿Qué vas a hacer con
el tizón?” –me dijeron.“Sí, el tizón es para quemar un avispero;
allí apenas en la orilla del camino me hace mucho mal, me pican
siempre cada vez que paso cerca de ellas” –les dije.“Es bueno que lo
hagas así, hijito mío, porque a las avispas les gusta picar a la gente”
–me fue dicho entonces.
Pues bien, ya que ya nada me distraía, recogí cortezas y ramitas
secas, y encendí entonces la candela cerca del burro.Y coloqué la
vasija que contenía la gasolina encima de la esterilla del burro. Me
hallaba parado, retirado de él, le tenía miedo...“¡Que no me arrolle!
Ahora con la gasolina va a tener seguramente gran velocidad”
–pensaba yo. En cuanto se encendió la leña, cogí un tizón y se lo
lancé a la vasija que contenía la gasolina. Como eso no tarda, brotó
la llamarada; las llamaradas se extendían hacia arriba; por poco
me alcanzan las llamas, llegó la llama hasta muy cerca de mí.Yo
me asusté mucho; creía que se me venía derrumbado sobre mí el
firmamento” *. Pues bien, pobre Kuna, se retorcía allí en medio de
las llamas. Del mismo susto grité. Pues bien, salieron corriendo
de la casa al oír el grito. Me estremecí lleno de pavor al verlos
venir,“ahora me matarán a causa del burro. Es mejor que yo salga
corriendo ahora mismo para evitar que me azoten” –me dije.
Y de una vez cogí un camino que se dirigía lejos, yo no estaba
en mi juicio, corría descalzo y sin ropa**
.
Pues bien, aunque al instante se echaron tras de mí, yo no fui
alcanzado ni por nada; corría en todo momento por el camino,
no vine a parar hasta ya anochecido. Pues bien, pasé grandes
sufrimientos.Estaba triste,tenía hambre, tenía sed; me hallaba
llorando al fondo de una cañada, donde pernocté al irme de mi
casa.
Me fui al día siguiente, caminé todo el rato constantemente
paralelo al camino para no ser visto de la gente.Al ver alguna
sementera, comía de paso para no morirme de hambre: yuca,
patilla; y comía también de paso algún dato.
Pues bien, después, topé con algunas personas que llevaban
cabras; que llevaban cargas de cuero de chivo y gallinas; eran
personas que iban a vender a donde los ali´junas.“Niño, ¿para
dónde vas? ¿de quién eres hijo?” –me dijeron ellos.“Vengo
solamente de ahí hacia acá, soy una persona extraviada. No sé
para dónde voy a ir” –les dije a ellos.“¡Qué desdichado eres! Toma,
come de nuestro avío, ¿tendrás hambre?” –me dijeron entonces.
“Has de saber que nosotros vamos a vender nuestros animales
a donde los ali´junas; vamos, vente mejor con nosotros” –me
dijeron las personas. “¿Y por qué no?” –les dije. Y yo me fui y yo
también participé en arrear las cabras.
Pues bien, al otro día, tenía los pies llenos de ampollas, yo
no daba para caminar; porque como se sabe yo andaba descalzo.
“Móntate aquí” –me dijeron y me subieron a un burro.
Pues bien, llegamos después a un pueblo grande de ali´junas,
donde fueron luego vendidos los animales. Las personas regresaron,
yo fui el que se quedó de una vez con los ali´junas.
Al principio pasé grandes sufrimientos errante entre los
ali´junas; no hubo nadie que viniese a averiguar por mí.Yo no
sabía la lengua de los ali´junas como para pedir auxilio o explicar
mi caso.
Pues bien, cuando yo ya era un poco mayorcito, era sirviente de
los ali´junas.A mí me hacían trabajar a cambio de lo que comía;
lavaba las ollas, platos, cubiertos, etc.; barría toda la casa; daba de
comer a los perros y gallinas. Me daban algún vestido de vez en
cuando.
Hoy en día, yo ya me he hecho mayor entre los ali´junas, y
además yo ya sé el idioma de los ali´junas.Aunque siento tristeza
por mi tierra y aunque tengo ganas de ir a casa, es inmensamente
grande la vergüenza que he pasado por haber quemado el burrito.
Así me sucedió allá por donde yo soy.Ahora me encuentro
aquí acostumbrado a vivir entre los ali´junas; ahora ya no quiero
separarme de ellos.Y ahora yo no soy capaz de bajarme por nada del
camión al que antes le tuve miedo.
Y se acabó esto*
.
Miguel Ángel Jusayú fue un gran conversador,
culto
y accesible, resulta una experiencia
admirable conocerle. Sin poses
intelectuales se enfrenta a su trabajo con su fe exultante. Sin falsas
modestias, está consciente de su capacidad y de la importancia y trascendencia
de su trabajo. Junto a su pueblo, humillado y de explotado ha emprendido la
ciclópea tarea de salvarle el alma, es decir su lengua, su cultura y su
literatura. Miguel Ángel Jusayú es el mítico cronista ciego que está ayudando a
preservar y a restituirle al pueblo WAIÙ su identidad, su historia de siglos.
Con él otros waiù, en otros ámbitos, están asumiendo la lucha por la
identidad que no solamente pasa por el rescate cultural sino además por el de
las reivindicaciones sociales,económicas y la organización política.